Desinfección de la piscina por filtros biológicos

Este sistema de desinfección suele utilizarse en estanques o piscinas naturales, a veces complementados con otros sistemas también poco agresivos, como el de la luz ultravioleta. Es muy adecuado para lugares con vegetación y donde no suele haber demasiados restos de bronceadores o cremas solares.

El sistema se basa en unas esponjas que contienen microorganismos que ayudan a destruir los gérmenes perjudiciales para el agua. Es una propuesta que respeta el medio ambiente, ya que no afecta a los seres vivos.

La desinfección por filtros biológicos intenta reproducir la depuración natural que se produce en los lagos o los ríos, descartando el uso de algún producto químico. El agua pasará por 3 zonas diferentes, durante todo el circuito de depuración, hasta regenerarse:

En la zona de baño tiene que haber corriente para que el agua circule entre 2 y veces cada día. De esta área, el agua pasará a la zona de regeneración y de allí a la de filtración, desde donde retornará a la zona de baño.

El mantenimiento de este sistema de desinfección suele ser escaso. Sólo tendremos que retirar las hojas que caigan en el agua y controlar que su nivel no se vea afectado, por ejemplo, por el proceso de evaporación.

Desinfección de la piscina por cloración salina

La cloración salina es uno de los sistemas más utilizados habitualmente para la desinfección de las piscinas, tanto públicas como privadas. Es de fácil instalación, uso sencillo y nos permite ahorrar mucho en los costes de mantenimiento de la piscina.

El sistema se denomina electrolisis salina y consiste en diluir una cantidad determinada de sal, que suele ser pequeña, dentro la piscina. Luego el agua pasa por unos electrodos que transforman la sal en un eficiente bactericida.

La electrolisis salina suela utilizarse en todo tipo de instalaciones acuáticas, no solo en piscinas. También se usa en balnearios, spas, parques de agua, etc. Presenta importantes beneficios para la salud ya que, a diferencia de otros sistemas de desinfección, no irrita los ojos ni la piel. También descarta los riesgos provocados por un mal uso accidental de los productos químicos ya que sólo utiliza la sal como elemento desinfectante.

También puede considerarse un sistema ecológico ya que únicamente utiliza elementos de la naturaleza (agua y sal) no contaminantes y suministro eléctrico. Además, resulta muy económico y no requiere el vaciado de la piscina. Por otro lado, otorga al agua un color mucho más luminoso y brillante.

Cómo desinfectar una piscina

Para tener a punto nuestra piscina en verano y disfrutar a tope de ella, son necesarios muchos cuidados dentro y fuera de temporada. Durante la época en la que más la utilizamos, evidentemente, hay que estar muy pendiente de su mantenimiento. Pero, es imprescindible prepararla al final de cada temporada, para facilitar su puesta a punto con la llegada del buen tiempo.

A veces, elegir el mejor tratamiento para la desinfección del agua no es fácil, ya que hay multitud de ellos en el mercado. Para elegirlo, hay que tener en cuenta elementos como el tamaño de la piscina, el lugar donde está ubicada y el uso que le damos. Por ejemplo, si queremos utilizarla durante todo el año, hay que mantener el agua limpia, transparente y libre de suciedad o algas que produzcan hedor.

Los tratamientos más utilizados varían en función de su dosificación manual o automática y también de los productos que escojamos para la desinfección del agua. El más tradicional es aquel que consiste en suministrar cloro manualmente. Presenta la ventaja de no requerir ninguna inversión inicial, pero nos obliga a controlar la dosificación y los productos adicionales personalmente y teniendo en cuenta factores externos. Por ejemplo, tendremos que añadir al cloro productos químicos que eliminen las algas o corrijan el pH en función del uso que hagamos de la piscina, la temperatura del agua o posibles tormentas.

También podemos optar por la dosificación automática del cloro, instalando bombas que dotaremos constantemente de los productos necesarios. Con este sistema, también nos veremos obligados a variar la dosificación programada, en función de los factores externos mencionados anteriormente.

La siguiente opción, que ya requiere una cierta inversión, consiste en dosificar a través del control automático del cloro y el pH. Consiste en la instalación de unos sistemas que permiten medir en todo momento estos niveles en el agua y dosifica la cantidad exacta de productos que se requieren para mantener los índices esperados.

También podemos optar por la desinfección del agua a través varios sistemas diferentes: por luz ultravioleta, por ozono o por bromo. Los dos primeros suelen utilizarse mucho en centros de Spa, ya que no evitan las acumulaciones de gases de cloro. Por el contrario, el último es el menos usado ya que produce más residuos y es más perjudicial que el cloro.

Por último, podemos decantarnos por la instalación de filtros biológicos, adecuados para estanques naturales por ser una solución ecológica. O, bien, por la cloración salina, que desinfecta la piscina complementado con regulador del pH.

Hibernación o invernaje de la piscina

Un buen mantenimiento del agua de la piscina durante el invierno nos permitirá reducir los costes de su puesta a punto para la próxima temporada. No en vano, en la mayoría de los casos, las piscinas dejan de usarse entre 6 y 8 meses al año lo cual exige llevar a cabo un adecuado proceso de hibernación de la misma, también llamado invernaje. Si lo hacemos, nos ahorraremos costosos trabajos cuando vuelvan las altas temperaturas, como tener que vaciarla, limpiar a fondo la pileta y volver a llenarla con agua nueva. Como veis, un cometido árduo no sólo en esfuerzo sino también en dinero.

El principal objetivo del mantenimiento de la piscina durante el invierno es, además de reducir costes, evitar que se convierta en un foco de infecciones, eludir el deterioro grave de la misma y aumentar la seguridad, ya que su fondo siempre será visible.

Nos pondremos manos a la obra a partir de un momento concreto: cuando la temperatura del agua no supere los 15 ó 16 grados centígrados. Empezaremos con una limpieza en profundidad de las paredes y el fondo, para eliminar posibles restos de algas. Pondremos a punto los filtros para dejarlos bien limpios y ajustaremos el pH y el cloro a los niveles adecuados. Por otro lado, utilizaremos algún producto para mantener el agua, en la dosis que nos recomiende el fabricante.

También bajaremos el nivel del agua para que los circuitos no cojan aire y pondremos en marcha todos los días la bomba durante unos 30 minutos para evitar que se estropee el motor. Y si el mecanismo está al aire libre, la protegeremos con un elemento aislante para protegerlo de las bajas temperaturas. Por supuesto, hay que sacar de la piscina los aparatos que solemos utilizar para limpiar al fondo y las paredes ya que únicamente lo utilizaremos cuando veamos que es necesario.

Es recomendable estar pendiente siempre de la piscina y revisar de vez en cuando el nivel del agua, ya que las lluvias o la evaporación pueden ser perjudiciales para su buen mantenimiento. Cuando llegue de nuevo el verano, debes realizar un tratamiento químico especial para el arranque de la temporada. Si seguimos todos estos pasos, podremos volver a disfrutar de baños refrescantes y saludables durante la nueva temporada, sin haber tenido que invertir grandes cantidades de dinero en su puesta a punto.